Cada día sigo soñando con el pueblo, en el que mis padres me llevaron año tras año a pasar los veranos. Cada día sigo soñando con la piedra, las aguas de sus ríos, sus cuestas, su gente. Cada día sigo pensando cada año. Sus tardes y ponerme una chaqueta en agosto. De nuevo pienso en las cuestas, en sus valles, en sus fondas y en su iglesia. Cada día sueño, soy un soñador. En mi tío Antonio que me llevaba con él y me enseñaba los lugares en dónde se escondían sus amigas las truchas, en los ríos antes ya mencionados. En el Seat blanco en el que me llevaba, y en muchas más cosas. Día a día, y más mayor al pasar cada día, el recuerdo es más fresco, es más reciente, es más sabroso, e incluso puedo llegar a escuchar el movimiento de los chopos y respirar su aire, su aire más puro. Pienso en una vuelta y que esta será muy pronto, inmortalizar rincón tras rincón ya que cuando sea mayor lo mismo no lo recordaré y necesitaré mi chuleta personal, necesitaré saber de su existencia. Sigo soñando con mi abuelo, la casa de piedra y todo lo que la rodeaba. Todo está grabado en mi memoria, incluso el cantar de sus pájaros en las mañanas y la bocina del panadero... Sigo soñando, sigo soñando...
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